Resolver el problema de conectividad y acceso podría abordarse globalmente, pero también debe resolverse localmente. El primer y más importante paso para crear una comunidad totalmente conectada y que ayude a un cierre de la brecha digital y de desigualdad, es crear una visión holística y común entre todos los actores.

El estallido social del 18 de octubre de 2019 y la pandemia que tiene al mundo entero en distanciamiento, han llevado a todas las instituciones educativas a cerrar las puertas de sus instalaciones para desarrollar actividades en la modalidad presencial, migrando por necesidad, a modelos de aprendizaje virtual o a distancia, dependiendo de la tecnología y las múltiples funciones que esta permite.

Ahora bien, se observa que no solo la educación se sumerge en estos retos; las personas naturales, las Pymes y las distintas grandes industrias en nuestra región, tampoco han sido ajenas a esta emergencia y se han visto en la obligación de improvisar estrategias para poder continuar con la entrega de sus servicios. Pero surge el cuestionamiento de ¿qué tan preparados estamos en nuestras organizaciones y qué nivel de acceso real tenemos a la tecnología, calidad en conectividad, transformación digital? y ¿cuál es el impacto de éstas en el crecimiento y la desigualdad?

Hoy cada vez se depende más de este recurso. Si bien las TIC pueden tener un efecto multiplicador en los ingresos y el crecimiento, las localidades y las personas no conectadas se quedan atrás. En esa misma lógica podemos entender que existe una a brecha de desigualdad social por la falta de oportunidades en el acceso a las tecnologías de Información, dejando la paradoja que la tecnología no debe agrandar la desigualdad, sino lo contrario. Si esto se mantiene, en pocos años, los nuevos marginados, los nuevos excluidos sean quienes no tengan acceso al conocimiento, a internet, a las nuevas tecnologías. Situación que queda aún más en evidencia al observar lo extenso de nuestra región y el nivel de aislamiento y lejanía que tienen nuestras comunidades que hoy no tienen internet y acceso a esta transformación y, por tanto, quedan también lejanos del desarrollo, de oportunidades de empleo y emprendimiento, de formación, de nuevas metodologías de la educación de hoy y de otras oportunidades que se encuentran en el mundo de hoy. 

Si bien, el proyecto de Fibra Óptica Austral que promete conectar e integrar toda la zona austral podría dar respuesta a estas interrogantes e impulsar las inversiones en telecomunicaciones, poner en marcha la tecnología 5G, reducir los costos tecnológicos e incrementar el acceso en zonas extremas, escuelas y hogares, hoy resulta más imperioso de democratizarlo, particularmente a través de políticas que se centren en el acceso universal, la asequibilidad y las urgencia de promover a las personas nuevas habilidades digitales.

Resolver el problema de conectividad y acceso podría abordarse globalmente, pero también debe resolverse localmente. El primer y más importante paso para crear una comunidad totalmente conectada y que ayude a un cierre de la brecha digital y de desigualdad, es crear una visión holística y común entre todos los actores. Apoyo de la comunidad para un cambio cultural, formación técnica-profesional y de capacitación, políticas de financiación y de subsidios para construir acceso a Internet a las comunidades rurales y marginadas, aumentar la disponibilidad y la adopción de la tecnología a la vida diaria de nuestras comunidades y que en definitiva vivan la tecnología.

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